Queratosis actínica: causas, síntomas y tratamientos

La queratosis actínica es una de las lesiones cutáneas precancerosas más frecuentes que nos encontramos en consulta dermatológica. Aparece como consecuencia del efecto que produce la acumulación del daño celular inducido por la radiación ultravioleta en la piel a lo largo de los años. Aunque a menudo no son lesiones muy evidentes ni producen síntomas intensos, es fundamental diagnosticarlas y tratarlas ya que podrían  evolucionar hacia un carcinoma epidermoide.

En la clínica abordamos este tipo de lesiones desde una perspectiva integral: diagnóstico precoz, tratamiento individualizado y, sobre todo, un  enfoque en la prevención, que incluye también el seguimiento  y la educación del paciente. Con el fin de que sepas identificarlo a tiempo, en este artículo te cuento todo lo que necesitas saber. ¡Tu salud es lo más importante!

Primer plano de una mujer que sufre queratosis actínica en el rostro

¿Qué es la queratosis actínica?

La queratosis actínica (o queratosis sola), es una lesión producida por la exposición continuada al sol. Con el tiempo, la radiación UV provoca alteraciones en el ADN de las células que se encuentran en la epidermis, comenzando estas a crecer de manera anómala. Aunque las queratosis no son lesiones malignas, existe un riesgo de progresión a carcinoma epidermoide (es decir, a un tipo de cáncer cutáneo) que aumenta con el tiempo, por ello requieren valoración profesional exhaustiva y detallada.

Inicialmente pueden ser difíciles de detectar, ya que suelen ser más evidentes al tacto que a la vista, por ello muchos pacientes las describen como “pequeñas zonas ásperas” en la piel que no desaparecen.

¿Cuáles son sus causas?

La causa principal de la queratosis actínica es la exposición repetida y acumulada a la radiación ultravioleta (UV), especialmente la procedente del sol, pero también a la radiación procedente de fuentes artificiales.

No obstante, es un proceso complejo y acumulativo, ya que suele aparecer tras años de exposición, y comienza a ser evidente cuando los mecanismos de reparación cutánea empiezan a fallar, y esto es más frecuente a medida que aumenta la edad. 

¿En qué situaciones puede darse? Factores de riesgo

Tal y como hemos mencionado anteriormente, la exposición al sol es la causa principal. Pero, ¿qué factores nos hacen sospechar que tengamos más riesgo de padecerlas? A continuación, te mencionamos algunas de las principales para que prestes especial atención.

  • Exposición repetida sin protección solar adecuada (actividades profesionales o de ocio). No es necesario haber tenido quemaduras graves para desarrollarlas. De hecho, la mayoría de pacientes que llegan a consulta mencionan “haber tomado el sol con moderación durante todo su vida”.

La realidad es que incluso pequeñas exposiciones diarias —caminar, conducir, o practicar deporte al aire libre— pueden generar daño actínico si la piel no está adecuadamente protegida. La infancia y la adolescencia son épocas a las que debemos prestar especial atención. 

  • Piel clara. La genética tiene un papel determinante. Las personas con piel clara (fototipos I y II) presentan menor producción de melanina, pigmento que actúa como barrera natural frente a la radiación UV. Estas pieles suelen presentar de forma más temprana signos de fotoenvejecimiento: manchas, arrugas, irregularidad textural; y una menor capacidad para reparar daños.
  • Edad avanzada. La prevalencia de queratosis actínicas aumenta a partir de los 60 años
  • Inmunosupresión. Aquellas personas que padecen patologías que requieren el uso de fármacos inmunosupresores (enfermedades autoinmunes, transplantes…) tienen un mayor riesgo de desarrollar queratosis actínicas
  • Antecedente de otros cánceres cutáneos
  • Residencia en zonas de alta irradiación. Habitar en zonas donde la radiación UV es elevada durante todo el año aumenta el riesgo a largo plazo
  • Antecedentes de quemaduras en la infancia o juventud precoz
  • Consumo de fármacos fotosensibilizantes. Algunos fármacos pueden incrementar la sensibilidad cutánea al daño solar

Este conjunto de circunstancias fomenta la aparición del “daño actínico”. Esto es la presencia de células anómalas en áreas cutáneas expuestas de forma crónica. Identificar estos factores permite establecer una estrategia preventiva más eficaz y detectar lesiones de manera precoz.

¿Qué síntomas experimenta el paciente?

Es una afección que puede manifestarse de formas muy diversas y, en fases iniciales, sus síntomas pueden pasar fácilmente desapercibidos. Muchos pacientes acuden a consulta después de meses —o incluso años— conviviendo con estas lesiones. De hecho, es muy común caer en el error de confundirla con “piel seca”, “caspa en el cuero cabelludo” o pequeñas irritaciones. Sin embargo, existen signos característicos que permiten identificarla y detectarla de manera precoz.

A continuación se detallan los síntomas más habituales:

  • Placas ásperas o rugosas. Se trata de zonas que pueden tener desde pocos milímetros hasta varios centímetros, y que se palpan como zonas rugosas que no mejoran pese al uso de productos hidratantes o exfoliantes. 
  • Manchas rosadas, rojizas o marrones de pequeño tamaño. En ocasiones pueden verse pequeñas manchas rosadas o marrones, sobre todo en zonas como la nariz, frente, oreja o dorso de manos.
  • En fases avanzadas, lesiones más gruesas o de superficie costrosa. Las queratosis actínicas pueden tener una superficie hiperqueratosica, e incluso convertirse en verdaderos cuernos cutáneos (superficie muy gruesa de queratina que se ve a simple vista). EN este tipo de lesiones es fundamental el diagnóstico preferente y en caso de signos de alarma, los dermatólogos podemos optar por realizar incluso tratamientos quirúrgicos. 
  • Dolor. Las queratosis actínicas no suelen producir síntomas importantes, por ello las lesiones dolorosas suelen asociar un peor pronóstico. En este caso también es fundamental acudir a consulta de forma precoz. 

¿Cómo evoluciona la queratosis actínica?

Su evolución no es lineal en todos los pacientes. Su comportamiento dependerá de los factores anteriormente mencionados. Sin embargo, todas tienen un denominador común: manifiestan un daño celular que es necesario vigilar.

  • Permanecer estable durante meses o años. En muchas situaciones, la afección se mantiene durante largos periodos de tiempo. Es posible que esto genere una falsa sensación de seguridad. No obstante, sabemos que el riesgo de progresión a carcinoma va aumentando cada año mientras la lesión permanezca sin tratar. 
  • Crecimiento o desarrollo de lesiones nuevas sobre ella.  Estos cambios indican que la lesión está progresando. En este caso es fundamental acudir a la consulta para poder valorar la lesión. 

¿Todos los casos evolucionan hacia un carcinoma epidermoide?

Solo en un pequeño porcentaje, las queratosis actínicas evolucionan hacia un carcinoma epidermoide. Esta es la razón por la que dicha afección se considera una lesión precancerosa. Aunque no con todas pasa, existe un porcentaje —variable según el paciente y su riesgo individual— que puede transformarse en un carcinoma epidermoide (CEC). Si bien suele ser tratable en caso de que la detección haya sido precoz, puede comportarse de forma agresiva en caso de diagnóstico tardío. 

Tratamiento de la queratosis actínica

El tratamiento debe ser individualizado, ya que no todas las lesiones presentan el mismo riesgo ni se encuentran en la misma fase evolutiva. En consulta, evaluamos todos los aspectos anteriormente mencionados con el fin de eliminar la lesión visible y reducir el riesgo de aparición de nuevas lesiones; especialmente en zonas fotoexpuestas.

  • Crioterapia: aplicación de nitrógeno líquido sobre la lesión para destruirla. La crioterapia es uno de los tratamientos más utilizados por su eficacia, rapidez y seguridad
  • Terapia fotodinámica (TFD): ideal para campos amplios de daño actínico. La terapia fotodinámica (TFD) es una técnica más avanzada y completa que permite tratar tanto lesiones individuales como áreas amplias afectadas por daño solar crónico (“campo de cancerización”). 

Puede provocar enrojecimiento o sensación de quemazón temporal en la zona tratada, el cual irá disminuyendo de forma progresiva durante los días posteriores. Se puede hacer tratamiento en consulta o bien hacer tratamiento exponiendo la piel a la luz tras aplicar un producto sensibilizante.

  • Fármacos tópicos  (como 5-fluorouracilo, imiquimod o diclofenaco): existen varios fármacos que han demostrado ser capaces de eliminar las células alteradas y ser eficaces tanto sobre la lesión como sobre la piel adyacente para eliminar células aisladas y reducir el riesgo de aparición de nuevas lesiones. Aunque hay muchos productos, todos se asocian a irritación, eritema e inflamación transitoria durante el periodo de aplicación, pero posteriormente esto se resuelve sin secuelas.
  • Láser dermatológico. El uso de láseres ablativos permite eliminar queratosis actínicas de manera precisa mediante energía lumínica dirigida.

Existen diferentes tipos de láser según el tipo de lesión y el estado de la piel. Esta técnica puede utilizar como tratamiento único o complementarse con otras terapias como la TFD o los tratamientos tópicos. 

  • Curetaje o eliminación mecánica en casos específicos. Consiste en raspar suavemente la lesión con una cureta. De esta forma extraemos el tejido alterado. Es un procedimiento rápido que se realiza con anestesia local. A menudo, el curetaje se combina con otras técnicas como la electrocoagulación o la crioterapia para garantizar la completa eliminación de la queratosis.

¿Por qué acudir a un dermatólogo profesional?

Ha quedado claro a lo largo de todo el contenido que la queratosis actínica no es una simple “mancha” en la piel: es un claro indicador de que existe un daño celular acumulado. 

Aunque existen ocasiones en las que sus síntomas pueden parecer leves o poco relevantes, estas lesiones requieren una valoración especializada para diferenciar lesiones benignas de lesiones pre cancerosas o malignas; valorar una posible biopsia para establecer un diagnóstico certero; seleccionar el tratamiento más adecuado y eficaz; planificar un tratamiento integral, que no solo elimina la lesión visible, sino que actúa sobre la piel dañada para prevenir la aparición de nuevas lesiones; y realizar un seguimiento continuo y prevenir cáncer cutáneo.

Consejos para prevenirla

La prevención es una de las herramientas más efectivas para evitar la aparición de este tipo de afecciones y de reducir el riesgo de cáncer cutáneo. Adoptar hábitos adecuados no sólo previene lesiones futuras, sino que también mejora la salud general y el aspecto de la piel. Te dejo por aquí algunos de los más importantes.

  • Uso de medidas físicas en personas que trabajen al aire libre o para uso ocasional: sombrero, gafas, ropa UPF.
  • Uso diario de fotoprotección: es importante tener en cuenta que parte de la radiación ultravioleta está presente todo el año, independientemente de la temperatura o la nubosidad. 
  • Evitar cabinas de bronceado. 
  • Revisión anual (o semestral, en pacientes de riesgo).

 

Dra. Inés Escandell

La Dra. Inés Escandell es dermatóloga en Alicante, especializada en patología inflamatoria facial, cirugía dermatológica y dermatología estética. En su práctica clínica aplica tratamientos respaldados por la evidencia más actual y tecnologías avanzadas, siempre con una visión integral del cuidado de la piel y el cabello. Compagina su labor asistencial con la investigación, la formación médica y la divulgación en cosmética dermatológica.

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